Posteado por: Adhara | febrero 6, 2009

There are sweet fluorescent enemies that live inside of me…

Algo después de terminar el NaNo y entrar en el agujero negro de agotamiento mental que son las primeras semanas de Diciembre, en Navidades, alguien le hizo a mi editor interior el mejor regalo que le podían haber hecho: le dieron la razón. Confirmaron de manera objetiva, fortuita y totalmente sincera lo que él me venía diciendo desde hacía unos cuantos años; que en realidad, por mucho que yo quisiera consolarme pensando lo contrario, mi forma de escribir y la de Cierta Persona De Quien No Leería Ni Un Prospecto Médico no eran tan diferentes. A decir verdad, lo que confirmaron es que eran indistinguibles la una de la otra. Y no he vuelto a escribir desde ese día, que es una de las razones por las que este blog ha estado tan muerto. Me daba vergüenza. Me mortificaba pensar que he estado haciendo durante años lo mismo que critico hasta la saciedad en esa persona. Lo único que quería escribir era un post de disculpa por haberlo hecho porque, aunque puedo contar con los dedos de una mano las veces que me ha gustado algo escrito por mí, solía pensar que al menos había alguien que lo hacía mucho peor. That’s what I get por ser una presuntuosa, supongo.

Pero después de hablar con Fer largo y tendido sobre el tema, y con Elenis mientras devorábamos kebabs en Frankfurt, me he dado cuenta de varias cosas.

Y he pensado “pero qué coño?“.

Hace muchos, muchos años, escribía por el mero placer de hacerlo. Porque quería meterme en las historias mucho más de lo que me permitían libros en los que los protagonistas no eran tan parecidos a mí como para poder sentir que era yo. Porque quería que me pasaran cosas grandiosas, o peligrosas, o románticas. Porque no estaba de acuerdo con cómo había transcurrido un argumento. Nadie sabía que lo escribía y el día que alguien se enteró perdí esa manera de entender la escritura como algo privado y enfocado al placer. Seguía escribiendo, sí, pero me daba vergüenza hacerlo porque la posibilidad de que alguien lo leyera estaba ahí siempre. Y con Internet entré en un círculo vicioso. Si de todos modos la vergüenza estaba ahí siempre, por qué no dejar que alguien lo leyera? Pero mi editor interior es una institutriz de internado ávida de poder y cuanto más rodaba más quería. Me paralizaba a la hora de escribir las historias que quería escribir, las escenas que necesitaba y los argumentos que me llamaban la atención. No soportaba que alguien me leyera y a la vez necesitaba que alguien lo hiciera, y entonces el editor sonreía con suficiencia diciéndome “ves? tengo razón! no deberías haber sacado esto a la luz!”. En Navidades se pasó tres semanas dando saltos de lámpara en lámpara, con eso os digo todo. Y yo me he obligado a no escribir, por primera vez en mi vida. Cada vez que lo necesitaba me ponía a hacer algo que no requiriera el más mínimo esfuerzo mental por mi parte. Cuando pensaba en historias que he dejado colgadas y en las que quisiera empezar ni siquiera daba tiempo a que él me parara los pies, porque lo hacía yo misma. Y así tengo la impresión de que los días han pasado para otra persona, que lo único que he hecho desde el NaNo ha sido estar sentada en el sofá. No es verdad, porque he currado como una esclava, he estudiado para el carnet, he ido a clases, he viajado… pero sin escribir, la sensación que me queda es de no haber hecho absolutamente nada. Aún así no lo hacía. Se lo dije a Fer y a Elenis y es la forma más exacta de describir la sensación: el dolor del agujero que me deja no escribir es jodido, pero no tanto como el dolor de ponerme a ello y no soportar ni una palabra. Angst y mierdas tirase por donde tirase.

Y una vez más, con sentimiento: Pero qué coño?

En mi inutilidad no hay espacio para los dos, querido editor interior. Con esto no quiero decir que no tengas razón, que la tienes, o que me vaya a deshacer completamente de ti, que no lo veo posible en el futuro cercano. Pero voy a hacer como hicieron con el Equipo A y a condenarte injustamente al destierro relativo. Voy a esforzarme por disfrutar escribiendo y escribir lo que me apetezca, y nos va a doler un montón a los dos pero creo que toda esta frustración y malestar viene de algo muy sencillo. Que en realidad nunca he aceptado que jamás seré Isabel Allende, y tú tienes el listón demasiado alto. Cambiemos de lógica. No quiero escribir bien. En realidad me conformo con disfrutar tanto de ello como Cierta Persona De Quien No Leería Ni Un Prospecto Médico, que obviamente se lo pasa como los indios y me da mucha envidia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: