Del capítulo 1, “El flautista de Hamelin”:
- Pues yo creo que estaba preñada.
Al ponerse en pie, Vegas golpeó la mesa con la palma de la mano y Fuwari se aferró a su taza como si presintiera el inicio de un terremoto. Era imposible saber qué estaba pensando Volkov, de espaldas a la escena. Y cuando levantó la cabeza, Gabriel se dio cuenta por primera vez de que Dommer ya no estaba en la habitación.
- ¡Y yo creo que será mejor que dejemos de cacarear como abuelas! – rugió Vegas, dirigiéndose a Cloe. El director tenía la constitución de un campeón de halterofilia y la altura de uno de baloncesto, pero Cloe se cruzó de brazos y no retrocedió, espigada como una atleta, como si pudiera tomar impulso y sobrepasarle en un salto perfecto en el momento que quisiera. Mirándola desde arriba, Vegas volvió a su tono habitual, profundo y colérico, para añadir -: Nadie se suicida por eso. Todavía no.
- Yo lo haría – respondió Cloe sin amedrentarse.

Escribes tan, pero tan ABSURDAMENTE bien, que me dejas alelada para poder comentar.
Por: Cos el Junio 22, 2008
a las 7:13 pm